Surf en Chacahua, Oaxaca.

Al final de la carretera el paisaje va dando señales de que nos estamos acercando al Parque Nacional Lagunas de Chacahua. Dejamos atrás los pueblos y sembradíos de papaya para adentrarnos en densos palmares, donde el característico aroma del océano nos indica que ya estamos por llegar a una de las joyas mejor conservadas de la Costa Mexicana.


Aunque aquí pasemos sólo unos cuántos fines de semana al año, cada vez que volvemos es como llegar a casa. Con el Océano Pacífico a escasos metros de distancia, nos reciben las carcajadas de la Tía Mode, los deliciosos guisos de Ana y un sinfín de historias de Leo, en nuestra casa, Lía del Mar. Nos instalamos, cada quien toma un mango y escoge su hamaca. Ya está, a disfrutar los siguientes cuatro días de arena, sol y mar.


Los locales viven poniendo atención a los ciclos de la naturaleza y saben leer lo que esta tiene que decirles. Al estar aquí, desconectados de la red, el tiempo pasa de manera extrañamente lenta, nos permitimos admirar, escuchar, reír con sinceridad e introducirnos de lleno en la experiencia.


Una de las razones por las que Chacahua atrae a visitantes de todo el mundo, es la calidad de sus olas. Las diferentes playas permiten diferentes niveles de surf. Se puede aprender desde cero con la ayuda de los amigables instructores locales o aprovechar las olas de calidad mundial que demandan de mayor experiencia.


El Océano Pacífico no es la única atracción que se puede disfrutar en Chacahua. La laguna también es fuente de vida para este pequeño pueblo pesquero. El cariño de los locales por su pueblo se puede ver en el rol que juegan en la conservación del área. Por la noche la Laguna cobra vida propia, el plancton que la habita se enciende al contacto, liberando tenues azules en los cuales nos sumergimos, una experiencia inigualable.


Guiados por los locales, nos embarcamos en este recorrido entre enormes manglares y nos adentramos en la oscuridad al mismo tiempo que nos despedimos del sol y bienvenimos los sonidos propios de la noche y de este ecosistema. La bioluminiscencia que despertamos con el movimiento de nuestro cuerpo en el agua nos hace sentir fuera de esta realidad.


Cada vez que venimos a disfrutar de Chacahua nos cuesta trabajo despedirnos. En los últimos días es inevitable la conversación sobre la posibilidad de extender nuestra estancia. Y es que en este paraíso bañado por la brisa del mar y el sol tropical, siempre estamos en contacto con lo que más importa, la tierra, nuestra presencia en el momento y el saber de dónde venimos. Sin temor a sonar cliché, hemos aprendido que hay varias rutas para encontrar nuestras raíces.





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